Se nos fundieron la mirada en el azul del Acuarium; yo estaba admirando el nado amenazador de un tiburón de tamaño medio pero capaz de matar a un hombre, el estaba absorto en la contemplación de una estrella de mar que se deslizaba por la arista acristalada de un rincón del gigantesco tanque de agua. No estábamos en el mismo pasillo; sino que nuestra imagen se veía distorsionada por el vaivén del agua y los diferentes planos que tomaban los cristales especiales que servían de vida a estos peces y animales de mar.

Y a pesar de ello las miradas se fundieron, en ese mismo instante se escuchaba un tema musical de The Beatles en un tono minúsculo que me llegaba al alma pues me acompañó en mis años mozos; y precisamente un mozo en azul apareció en este día en lugar lejano a mi hogar y rodeado de mar o símil de mar que tanto he amado y amo… Pasillos entre cristaleras que pronto se cruzarían en el camino de entrada/salida del acuarium.

Mi tiburón nadaba sobre mí cabeza y tanto me entusiasmaba su nado y esa boca que maléficamente se abría cuando pasaba por el tubo del pasillo que no vi cuando el joven en azul se acercaba también hipnotizado por el nado de ballet del gran blanco. Y se deslizaba tan bello que creo que a conciencia hizo que los dos juntáramos los cuerpos en un golpe suave, casi un halo de segundo.

El perfume a algas del recinto se convirtió en un aroma personal, quizás hasta llegar a los orígenes cuando el hombre aún era bestia y no había perdido esa consistencia tan espiritual que lo hizo perderse en el Edén. Su mano quiso aguantar mi cuerpo tambaleante, no por el golpe sino más bien por la postura forzada que llevaba observando el nado sobre mí del gran escualo.

Y una vez que conseguí romper el lazo imaginario que me ataba al nadador mis ojos se posaron en un rostro en azul enmarcado; un príncipe azul me pasó por la mente, como si hablara como mi otro yo, ese que duerme dentro de mí y que solo despierta cuando merece la pena. Una sonrisa se dibujó en mis labios y el bello de azul dibujado me devolvió la sonrisa dejando perlas sacadas de conchas profundas que quizás un pescador despistado puso en su boca dibujada de mareas de deseos.

Y el tiburón siguió su danza acuática sobre los dos, quizás como una postal de esas que guardaba la abuela de las parejas de su época enamoradas que miraban al mar y a los peces nadar. Creo que nadie cayó en la cuenta de que en ese túnel azul dos seres habían pasado el pasado y el futuro, y el presente se lo habían saltado para ser solamente energía, energía marítima… bella ilusión.

La paz que vi en ese rostro, en esa sonrisa dibujada con trazos de pincel azul me llegó hasta el corazón y hasta ese lugar que yo llamo alma, aunque algunos digan que no exista… si existe corazón. Y el roce de las manos una queriendo apartar y la otra queriendo sujetar el paso mal dado, fue como el bajamar que retrocede en la arena dejándola plana, brillante y suave y unas burbujas comienzan a salir con el aire de las almejas que se ocultan en la orilla. Y si el niño azul fuera una imaginación que ha creado en mí este recinto acristalado que distorsiona la imagen, que hace lo grande más grande y lo pequeño se pierde en el horizonte de ese fondo de mar artificial? Doy de nuevo las gracias a mi bendita imaginación que siempre en realidad se torna para no hacerme el feo de creer en cosas inexistentes y de privarme del placer de comprobar que la belleza cuando se hace libre más belleza se vuelve. Así era este niño en azul.

Y unas palabras sin sentido salieron de su boca, creo que perdón; y de nuevo la sonrisa afloró desde mi interior con tanta dulzura que me dejé acompañar por su presencia el resto del camino aunque iba en sentido contrario; media vuelta y me sentí protegida; arriba seguía nadando el tiburón.

La puerta de salida se acercaba, y cuando mi mano fue a separar la cortina negra que quizás me devolviera a la realidad, su mano me paró.

“Antes de volver a la luz del sol, quiero que sepas que el deseo se ha convertido en realidad y el nadador que has admirado en hombre se ha transformado para poder estar a tu lado”….. Me dijo frente a frente. Y en dudas me debatí pues no entendía el significado de sus palabras… Y creo que adivinó mi duda, tomó mi brazo y me volvió hacia el gran tanque de agua salada y allí frente a mí estaba el temido tiburón. Y en sus ojos una mirada azul, otro azul más apasionado quise encontrar en esos ojos que había admirado pero no había nadie, el hombre había desaparecido… solo quedaba el tiburón.

De nuevo di mil gracias a mi imaginación que en aventuras me mete, me debate, me entretiene y algunas veces me vuelve más humana, enamorada e ilusionada… qué bello es vivir alma.

** Dedicado a Carle – Acuarium de Valencia. 

DAMADENEGRO 6/2/2009