FLORES PARA LOS MUERTOS

 

Poco a poco la noche se ha apoderado de nuestro entorno; en la habitación los dos nos preparamos para celebrar el segundo aniversario de esta fiesta disparatada que alguien muy lejano tiene a bien invitarnos. El negro este año no es la moda, se impone el rojo y sin embargo tu estás casi vestido con ese precioso traje de levita negro, la camisa blanca y el pañuelo a modo de corbata también blanco.

En un rincón del dormitorio trato de meterme el vestido de rojo satinado mientras escucho tus risas al verme de tal mirar. Menos mal que tus manos están acostumbradas a subir y bajar cremalleras y en un alarde de compañerismo hace que la mía suba sin prestar resistencia. Y ya está el hermoso vestido alquilado por unos días en una tienda de París. Hermosa me siento, hay que decir que sí, cuando me miro en el espejo grande y bello que adorna la habitación.

El peinado a medio recoger da un cierto inconformismo al conjunto rojo, un poco de pintura en los ojos y en los labios que resaltan de rojo pasión.

Me miras sentado en el sillón como un príncipe de lejanas tierras vestido y con los ojos fijos en mi persona. Poco falta ya para terminar la obra. Y en ese momento final gritas: espera¡¡¡¡ y te acercas con algo en las manos.

Cierras los ojos me dices¡¡.

Y en la oscuridad, me siento algo frío sobre la garganta.

Ya puedes mirar¡¡.

Mis ojos se deslumbra con el brillo que de mi cuello emana; una hermosa tiara de brillantes hace que la claridad parezca un simple esbozo de luz. Qué has puesto en mi cuello?. Es tremendamente hermoso y saltan como chispas de su interior. Preciosamente la alhaja resalta mi escote y en un arrebato de pasión beso tus labios cálidos en agradecimiento por tu regalo.

Casi estamos los dos. Un ruido de cascotes se escucha en el exterior. La carroza debe de haber llegado. Una nueva ocurrencia de nuestro anfitrión. Este año todos vamos en coches de caballos del siglo pasado. Salimos a la puerta y me ayudas a subir. Una vez dentro los dos, las puertas se cierran y deja un cálido aire dentro para respirarlo tú y yo. La tapicería roja hace juego con mi vestido y tu mano enguantada en cuero negro se apodera de la mía que de encaje rojo va vestida. Siento tu calor y una mirada tierna nos une en este camino frío que nos lleva a la gran fiesta de la noche del diablo.

No quiero mirar afuera, mis ojos se entretienen mirando el hermoso cortinaje del coche, los bordados de sus asientos y ese aire denso y caluroso que nos hacen respirar intensamente. De la mano cogidos no podemos resistir la tentación de volvernos a besar. Debo dar gracias al invento del carmín que ni mancha ni se quita. Si ésto no hubiese sido inventado, a estas horas estaría para un buen repaso de rouge de lévres que dirían los franceses.

Se hace corto el camino y poco a poco vamos enfilando el gran palacio que forma el Transilvania Inn. Los coches se colocan unos tras otros para dar más escenificación a la llegada de los invitados. Poco a poco vamos acercándonos a la gran escalinata blanca de mármol y esa lluvia de pétalos de rosas rojas que mujeres vestidas de negro lanzan desde el primer piso. Al bajar los tres pequeños escalones del coche de tu mano agarrada, miro arriba y las mujeres vuelven a tirar pétalos y más pétalos al grito de “Flores para los muertos”….

Buen recibimiento pienso mientras tú suelta una gran risotada: “Si ésto es estar muerto; viva la muerte”, exclamas sin pudor ninguno mientras me metes un achuchón en público.

La llegada al gran salón me deslumbra, lo mismo que lo hizo el año pasado. Las puertas de par en par abiertas hacen que las luces de las fantásticas arañas de cristal resplandezcan con un brillo increíble. Al fondo con un telón rojo de decorado una orquesta desgrana piezas barrocas de música de cámara. Cientos de camareros ofrecen bandejas con champagne a los invitados que casi todos de rojo menos tú, miran embobados todos los rincones de este deslumbrante sueño.

Bailas hermosa dama?

Pues si bailo, te contesto y los dos nos mareamos dando vueltas al son de los violines sin tropezar milagrosamente con nadie en nuestro correr por el salón dando miles de pasos alocados.

Cuando paramos después de un rato de danza veo en uno de los laterales la foto de Brandon Lee, una mirada de ternura se queda clavada en aquellos ojos ya desaparecidos. Tenía que estar aquí, es el invitado principal y en parte esta noche está dedicada a él y a su magna película en la que perdió la vida. La gente se para, charla, se dan la mano y algunos un tenue beso de bienvenida. El ambiente comienza a caldearse y pronto el color de las luces, de las velas rojas y entre tanto vestido largo y largas levitas, me hacen buscar un balcón abierto. Curiosamente es el mismo que el año pasado acunó nuestro primer beso.

Salimos y apoyada en el mármol que hace de adorno a ese balcón al vacío impresionante, me vuelves hacia tí

Recuerdas el año pasado cuando nos besamos en este mismo lugar por estas fechas?.

Como no lo iba a recordar¡¡¡.

Y una tenue caricia dejas en mi pómulo, mientras tu otra mano me hace acercarme más y más a tu cuerpo. Ahora tan cerca estamos que nuestros alientos se confunden. Estamos tocándonos, acariciándonos y casi rozando los labios… pero no damos el paso definitivo quizás porque queremos saborear cada segundo previo al desenlace.

Mis manos se hacen corro a tu cuello y nuestros ojos quedan fijos los unos en los otros como queriendo calcar este momento del pasado hace un año.

El gélido viento hace presencia en el balcón en ese momento y siento ese aliento tuyo como una nube que me hace embriagar por la pasión. Necesito tu boca y los sabes, pero sabes también como hacerte el remolón.

Me acerco y te alejas un poco más, vuelvo a acercarme y te vuelves a separar. Y en eso que me da el ataque de ira y de tus brazos me suelto, no soy hembra que se pueda ni se deja rechazar….. de mal modo te doy la espalda y mi mirada se pierde en la solemnidad de la noche cuando siento tu cuerpo pegado al mío y esa sensación febril de tu frenesí que ya se apodera de todo tú. Me haces sentir sin hablar el deseo carnal y esa boca que ahora besa mi cuello. Vampiro te vuelves, lacayo de Lestat… pero no muerdes, besas y besas sin parar.

Y de nuevo unidos en ese beso largo, profundo y lleno de pasión roja y negra, nos quedamos en aquel balcón al infinito y de nuevo el viento mueve mi melena despeinada por tus manos y tu cuello queda al aire de su pañuelo adornado para dejar paso a mis besos y también a mis mordiscos…. vampira y víctima mortal.

Me tomas en brazos y sobre la esquina del mármol retiras mi largo vestido, te colocas entre mis piernas y sin poder más me cruzas con tu daga amorosa haciendo que mis entrañas y boca griten blasfemias por el ardor con que me has penetrado mi más bello animal.

Descarado truhán que me has hundido en los instintos más bajos, o quizás son alucinaciones que con el baile y el vino me hacen ver lo que quisiera hacer. Que vá¡¡¡, allí te tengo poseyendo y poseído por el amor y el sexo. Eres mío y yo tuya aunque en este momento no sabemos donde cada uno está.

Y en ese momento en que los pétalos de las rosas caen en los suelos y los capullos se abren por el calor de dos cuerpos que se aman hasta la eternidad, tu boca exclama al cielo y a los infiernos: “TE AMO” y en ese grito dejas tu cuerpo, tu vida y hasta te siente morir un poco más. Llena mi vientre, vida mía y ese amor latente que me hace suspirar hace que mis manos se apoderen de tu rostro y te bese, no te vayas sin mí, te digo como un suplicar.

Y en la esquina del balcón de mármol los dos nos quedamos quietos, disfrutando a no poder más. Y en ese momento alguien ha entrado en el balcón con una copa en la mano…. ha mirado y se ha vuelto: perdonen no he visto nada, dice el indiscreto…..

Nos aseamos un poco, vaya con el coito entre mármoles… ha sido infernal. Tocada de rojos colores, la cara me miro en un espejo… como me ves??… llena de mí, respondes con una sonrisa casi de diablo… eres lo más….

Y seguimos la noche entre bailes, abrazos y besos y esa música que de violines sale y nos embriaga y dan las dos y las tres y casi las cuatro. Rotos los pies, las manos sucias y los cuerpos maltrechos nos vamos acercando a la salida para de nuevo en coche marchar.

Y a la salida, la plañideras de nuevo sueltan pétalos de rosas rojas: Flores para los muertos¡¡¡, exclaman… Y tu sin cortarte, miras para arriba y les grita: Muertos de celo estamos y si quereís lo podemos demostrar.

Tirando de tu brazo te meto en el coche, menudo lío has metido¡¡… dale cochero y el coche desaparece por el camino oscuro mientras tu risa se escucha en el silencio de la oscuridad.

Y sin desnudarnos siquiera nos tiramos al lecho, pronto la aurora llegará y nosotros estamos tan “idos”, que ni siquiera vamos el avión a necesitar para el regreso a nuestra city y a nuestro hogar. 

®DAMADENEGRO2005

(recuerdo de la noche del diablo 2005)

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