EL LABERINTO DE LOS PENSAMIENTOS

Fue un viaje largo, demasiado largo para conseguir tan poco; eso fue lo que pensé antes de que comenzara nuestra odisea particular.- Aunque teniendo en cuenta las oportunidades que se ofrecen hoy en materia turística, podría ser incluso enriquecedor a nivel personal por lo que a emociones se refiere. Es lo bueno que tienen estos países nuevos, estos países que se desgajan de su patrón padre para caminar en solitario.

Es lo bueno también de haber pertenecido a sitios de renombre pero ocultos del gran turismo por motivos varios (políticos, sociales, geográficos); su verdadero tesoro no ha sido todavía explotado por las grandes cadenas de turoperadores. Y ahora con esa timidez de los pequeños señalan sus huellas históricas y los más magníficos tesoros a la luz del día cultural. Es así como me lo propuse más que por encontrarte, pues ahora resulta difícil darse una cita con alguien nuevo que te pueda aportar experiencias nuevas o desconocidas.

El aeropuerto era pequeño, demasiado pensé incluso conociendo aeropuertos militares a los que estaba acostumbrada por razón de vecindad en el domicilio de siempre. Y precisamente esas pequeñas dimensiones hicieron que mis ojos te conociesen más pronto de lo que pensaba. Sentado en un sofá de un pasillo acristalado era fácil ver tu cabello moreno  y tu ropas oscuras, tal como me habías señalado en el último e-mail recibido.

El trámite para entrar en territorio propio fue rápido, sorprendentemente rápido debido a las medidas de seguridad que hoy rigen en todos los aeropuertos del mundo. Solo 15 minutos me separaron de encontrarme frente a frente a ti.

Hacía algunos años que te había conocido a través de un trabajo cinematográfico, te había conocido yo, pues tú simplemente hacías tu papel. Y te admiré porque tu belleza física era digna de ello. Después mira que son las casualidades….  Una página de internet te puso frente a mí además con el añadido de que fácilmente podría contactar contigo.

Dos o tres mensajes y gracias al viaje de fin de semana, quedamos en un lugar que nos convenía a los dos. Por mi parte volver a un lugar soñado desde la Navidad que nos sumió en las nieves frías y duras de los héroes de piedra y eternos guardianes del castillo y que deseaba ver en verano bajo las fiestas medievales más famosas de centro – Europa. Por tu lado, estabas en Alemania, y te iba bien conocer este pequeño país y sobretodo su costa, ya que eres un experto en arqueología marina.

Qué las palabras fluyeron fácilmente de mi boca, a pesar de encontrarme contigo, me hizo sorprenderme teniendo en cuenta más aún que conservabas ese aire ingles tan tuyo, esa belleza que tienen los dioses. Siempre actúo de esta manera cuando me siento gratamente sorprendida.

Y de una manera tan especial seguimos nuestra charla mientras con maletas en mano nos fuimos hacia el coche de alquiler que tú tenías preparado para adentrarnos en la inmensidad de la montaña. Una casa señorial que alquilaba habitaciones era nuestro destino; aún aquí no ha llegado el boom de las grandes cadenas hoteleras y sin embargo, los más aventurados han dado con el sitio especial que fue morada y reino de un Ducado Señorial de la Edad Media

 

 Y el camino de la montaña fue testigo de nuestro intercambio de ideas, de nuestras vidas y de nuestros planes para el futuro. Dos personas a estas edades ya saben lo que quieren y como obtenerlo, de modo que la conversación fue amena, realista y directa.

La impresionante mole se levantaba ante nosotros, dejando nuestros ojos atónitos ante la belleza bravía del paisaje, yo conservaba aún la imagen colosal llena de nieve, con un camino estrecho que nos hacía temer lo peor con un corte de carretera en la época invernal y sin embargo ahora me deslumbraba con flores maravillosas y un colorido lleno además de banderas, iconos medievales y gente a caballo que daban forma al mejor reto señorial de la vieja Europa.

Metido en tus preferencias personales te fuiste directo a los hermosos caballos que se reunían en el centro de la plaza de torneos; un lugar destinado entre el castillo y el valle para celebrar las gestas a modo medieval, encerrados por barreras de piedra y árboles que reverdecían cada verano.

Un poco más abajo ya subidos de nuevo en el coche nos fuimos a la casa alta, seria y de blancas paredes de piedra y maderas negras que nos fue ofrecida como alojamiento por un conocido del lugar; el mismo que indicó este sitio en mi visita invernal. Nos alojamos en habitación contigua, con decoración distinta a cual más valiosa en la que nos pudimos encontrar tapices ricos en gestas, caballeros que portaban hermosas armas y mejores corceles. Todo ello sumado a la decoración de muebles en caoba, con camas con dosel, tapicería de cuero y de bellas telas que no habían perdido aún su belleza primitiva.

Una vez descansados, paseamos por la casona, los techos con vigas de caoba, olor de cocina con carnes de caza, el pozo del patio con un cubo siempre presto a ser usado, las macetas llenas de flores, los pasillos con ventanales adornados con cortinas densas, tupidas y que dan un poco de oscuridad a la brillantez de la luz del verano. Sin darnos cuenta nuestros fuimos acercándonos más y más en nuestra privada charla. Pocos centímetros de separación entre nuestras caras y más aún cuando nuestras manos a modo de ir juntos se juntaron totalmente.

Y de pronto me di cuenta de lo que estaba pasando,  gracias a los dioses de la informática te tenía a mi lado, ya sé que tu trayectoria personal estaba muy alejado de ser una estrella, aunque tu negocio era el cine, tenías unas pasiones y unos gustos muy alejados de ese mundo de star system. Y aunque algunos de los que allí estaban hubiesen sabido el nombre de tu película más conocida, se habrían vuelto en busca de un recuerdo, nadie miró con curiosidad, salvo alguna mujer que te encontró extremadamente atractivo. 

Y el paseo siguió dejando la casa – palacio y nos fuimos andando a la inmensa mole del castillo de Predjama que te hizo exclamar entusiasmado. Te fui enseñando lo que yo vi y sentí en la visita invernal y contando un poco la diferencia entre el florido panorama con el especial retrato que daba la nieve, el gris del nublado intenso y el frío que amenazó mis días de visita.

Juntos nos asomamos al balcón más alto de la estructura, la gente iba y venía allá abajo, y tu y yo sellamos con un primer beso la admiración ante el coloso y sus pinturas naturales que se nos ofrecían de manera gratuita.

Y recordé que siempre los balcones han sido escenario de mis besos, los más sonados diría yo; y éste especialmente inesperado, no soñado.

Y nos fuimos deslizando con las manos unidas por los lóbregos calabozos, allí donde la Inquisición ponía sello y final a muchas vidas. Hay que tener en cuenta que este castillo fue sede fija del Inquisidor Jefe mandado por Roma. Y en su habitación respiramos un aire viciado, como si los iones negativos estuviesen vivos e impregnados en cada piedra, en cada mueble severo… algo especial.

Y las habitaciones del Duque, ducado protector de la religión que guerreó con otros señores de distinta ideología que servían a señores considerados demoníacos. Era la vida de esos hombres y mujeres que vivían y morían en estas moradas frías, oscuras y llenas de algo especialmente nefasto.

Dimos un respiro profundo cuando volvimos a la naturaleza, paseamos por el estrecho pasillo que nos separa del coloso en piedra y nos volvimos de nuevo para mirar al gigante que parecía decirnos “hasta luego”.

El resto del fin de semana largo, nos dedicamos a andar, a llenarnos de paisajes extremos, bellas vistas, mejores deseos y una intimidad especial que me demostró que mi vida aún tiene muchas vueltas que dar … y en especial conocer a gente como tú que me has colmado de regalos espirituales porque eres un hombre especial.  

Safe Creative #0910144686148DAMADENEGRO 31/7/2008

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