POETA

La mujer que en estos momentos está escribiendo estas líneas hace tan solo unas horas se quedaba inmersa en un mundo de ensueños viéndote simplemente hace tus ejercicios habituales, mientras leía libro de su biblioteca y sin embargo no perdía compás de lo que tu cuerpo, llevado por ese ansia loca de ser perfecto, se desgranaba entre sudor y esfuerzo para conseguir mantener tus energias vitales a tope.

 

La hora comienza por la tarde, al caer el sol, cuando en casa y bajo el aire acondicionado, te preparas para tu formación física entre la bici estática y una serie de tablas de ejercicios que realizas siempre con el mismo ritual. Es fácil comprender como puedes atraer mi atención hasta ese ir y venir en poses que hacen poner tus músculos tensos y perfectamente visibles.
Muchas veces me he preguntado que puede tener de erótico ver un hombre hacer ejercicio dentro de una casa, sin embargo contigo esta duda ha quedado desvanecida puesto que me gusta mirarte, mirar como te cuidas y mirar tu cuerpo como se combina en una especie de baile para que el ejercicio sea completo.

Esos estiramientos y calentamientos previos al ejercicio son como un preámbulo para que el erotismo atrayente de tu cuerpo comience a hacer subir el grado de atracción que puedes ejercer en mí. Y poco a poco mi mirada se pierde de las líneas escritas del libro para deslizarse suavemente por todo tu físico.
Tu pelo alborotado, esa frente que se ve salpicada por las primeras gotas de sudor, esa boca que aspira y respira el aire que llena tus pulmones, los brazos en alto o dejados caer a ras de tu cuerpo y ese pantalón de chandal que aunque sea verano, llevas siempre puesto. Esta mujer duda y permanece quieta mientras sus ojos se pierden una vez y otra en el camino hermoso y sensual de tu cuerpo.

Quien le iba a decir a esta mujer, segura y llena de voluntad férrea que su corazón iba a cabalgar como un loco con la simple visión de tu cuerpo perfecto, con el respirar de tu boca cuyo lamento de esfuerzo hace que las uñas se claven en las palmas de sus manos mientras sostienen levemente la obra escrita de un autor.

Y me sonroso mujer que soy, porque mi corazón arde de deseos, porque mi corazón late como un caballo loco entre el rojo de una camiseta vieja y descolorida y la levedad de un pantalón que simple y suavemente deja entrever lo que esconde cuando te tiendes sobre la colchoneta para seguir tu entrenamiento personal.

Mujer, me he dicho muchas veces, que has dejado callada a toda una sala de hombres curtidos en el sabio saber de la filosofía, de la poesía y de su profesión habitual y que sin embargo, tiemblas ante la visión de lo que esconde esos pantalones de chandal y esa camisa vieja que poco a poco se va mojando con tu sudor.
Mujer que duda entre levantarse y saltar sobre tí y que por otro lado aún siente la sensación de timidez que pueda darle el expresar sus deseos sexuales abiertamente y que tu has tenido el éxito de conseguir que la hagan arder de pasión.

Y mis manos de mujer se aflojan por sostener el libro y le dejan caer sobre mis piernas mientras en un afán de disimular se acarician una a la otra. Y nota el rubor llegar a su rostro como una ola de pasión calurosa que, aunque el aire está a 20º, en cambio su interior arde como un volcan en espera de ebullición.
Mujer que te creías ya lista y preparada para afrontar las mayores pruebas en un mundo de hombres, ganadora de duras batallas y triunfadora de muchas pruebas puestas precisamente para valorar su temple y valía. Aquí estoy como una estatua de mármol por fuera y sin embargo haciendo galopar a corceles de fuego por mis venas ante la sola presencia de tu cuerpo en tensión y lo que esos pantalones de chandal gris me están insinuando.

Y dicen que el erotismo sólo es cosa femenina, que el hombre no suele hacer gala de tan valioso don. Qué equivocados están todos y todas¡¡, aquí está la prueba de que un solo momento puede levantar todo el placer que pueden dar a los ojos un cuerpo de hombre. Y dejo por supuesto, los sentimientos a un lado; puesto que lo que mi cuerpo desea no son sentimientos en este momento, sino unas ansias locas de tocar lo que levemente la ropa insinua.

Y quizás estás haciendo ésto para probarme, no me extrañaría; eres así de perfecto, que hasta sabes como levantar la líbido de una mujer en circunstancias tan poco, digamos, que poco propicias. Pero esos pantalones me están volviendo loca porque entreveo lo que no veo y noto algo que quizás no esté de acuerdo con la actividad física que tu cuerpo está realizando.

Y me vuelvo remolona en mi sillón situado a sólo dos metros de tí, y tú continuas con tus ejercicios dejando a tan poca distancia lo que me está volviendo loca de angustias por tocar…… qué mujer¡¡¡ parece mentira que a estas alturas y en pleno verano te dejes enloquecer por un pantalón de chandal viejo y gris… Pero es así, me tiene loca.

Y en pocos minutos te dejas caer en el suelo, te relajas de tu sesión y me miras con quizás picardía, porque estoy segura que en mi cara se reflejan los pensamientos que rondan por mi cabeza desde hace cerca de una hora. Y me sigues mirando y mis ojos quedan fijos en los tuyos y de pronto y sin querer, mi mirada se pierde por tu cuello, se resbala por tu pecho ahora desprovisto de camiseta, ese camino floreado que me dirige poco a poco a ese cordón que cuelga de tu pantalón y con una sonrisa a medias te pones de pié y te acercas.

-Qué miras mujer?.

Pregunta que queda perdida y sin respuesta, porque mis manos se levantan hacia tí y poco a poco se apresuran a quedar prendidas en tu cintura y desde allí inician la peligrosa caída hasta el lugar que me tiene prendada desde hace una hora de tí.
Y un rubor colorea mis mejillas cuando mis manos acarician la suave felpa de ese pantalón gris y dibujan la silueta de tu miembro viril… Qué mujer¡¡¡, qué atrevida¡¡¡, mira que volverse loca por lo que tan fácil es de tocar. Pero me aloca saber que eso que me tiene loca no está así porque tu sangre hierve, simplemente que es así y ahora si que batiremos records…. mujer que te vuelves loca por este varón, cuidado con él.Y en esa danza entre rumba y rumbona que bambolea tu cintura y sabiendo cual es mi fín, te acercas y te acercas hasta mi boca y deja que ese pantalón de chandal caiga al fín.

Qué de rubores perdidos entre los 20º del aire acondicionado, Oh milagro¡¡¡ que no hace notar el calor que nos ha poseído a los dos al fínal de los ejercicios y que para la boca sedienta de esta mujer, tiene una fuente placentera de amargos/dulces sabores que la dejen satisfecha de su curiosidad y de su asombro ante la magnitud de tu sentir.

Bendita eres mujer porque eres capaz de aún sentir, de amar, de dejarse atrapar, de saberse insinuar, de bailar la danza sin fín, que en tu corazón femenino tiene un nido compartido con este hombre que ahora es tuyo y solo para ti.

®DAMADENEGRO2008Protected by Copyscape Online Plagiarism Tool

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