EL HOMBRE DEL CUADRO

La figura de aquel cuadro siempre me hipnotizo de una manera exagerada. Aquella primera vez que subí a la segunda planta sentí como si ese camino lo hubiese andado infinidad de veces. Su visión despertó en mí una curiosidad que se convirtió casi en obsesión y que me hizo llegar a buscar en viejos libros y biografías. Aquel noble pintado con esmero por manos inglesas traspasaba el lienzo y me toco el corazón con una dulzura pasmosa.

Día de los museos, hoy no he podido llegar hasta mi querida cita en el museo madrileño, son cosas de la crisis; allí no se ha celebrado el día del arte libre; pero he cumplido la cita en otra ciudad. Unas escaleras de blanco mármol me han hecho vivir la escena con otras caras, con otros lienzo, con otras compañías, con otro clima, pero el arte en si también encerrado en paredes antiguas y difíciles de traspasar.

La primera cita en el museo de pintura, escaleras gastadas por los años, rastros de vestidos de terciopelos que aun dejan un perfume en el ambiente. Preciosidades en lienzo, rostros curiosos que miraban a una visitadora de este siglo, pero faltaba la mirada penetrante de mi caballero. Me fui adentrando en el solitario pasillo; es lo bueno de los viejos edificios, rincones para una sola. Y al final un gran jarrón  con flores pintadas, no había nadie ni a la izquierda ni a la derecha.

Curiosamente unas escaleras  no iban a ninguna parte. Algún muro se había levantado por algún fin sin confesar; como imán me atrajo y baje los escalones dándome con una pared gris y solitaria.

La puerta del tiempo se abrió y aquel muro se convirtió en espejo que me dejo penetrar empujada por  una mano  invisible. El blanco se hizo rey, la luz lo lleno todo aunque en un rincón se escondía de mi vista y me hacia entornar los ojos para saber que había en esa L arquitectónica.

Levantando mi brazo para romper la oscuridad, me adentre en esa bruma natural, como si el humo se hubiese acumulado durante años o quizás siglos. Sentí un peso extra en mi brazo, como si el aire se estuviese condensando y traspase aquel túnel, la claridad se vistió como un papel de vieja fotografía. El florero adornaba el rincón con flores marquitas, el cortinaje caía hasta el suelo formando ondas, y delante se dibujaba la figura de un caballero. Era mi caballero? No lo sé, se parecía, era el…. El.

Nueva cita, mi dama – dijo

Inesperada en lugar y tiempo, prosiguió.

Sigues siendo hermosa, piropeó.

He tenido que venir a un nuevo museo para verte  -casi murmuró.

Me alargo la mano, sonrió, dejo un beso en mi mano, un vals en el ambiente, bailando durante un rato en la pequeña estancia. Acerque mi mejilla a la suya, olía a jazmín, el terciopelo de su vestidura era tan suave que mi mano resbalo por su espalda y llego hasta su cintura. Esto me acerco aun mas a él. Juntos, con las mejillas unidas, las comisuras de los labios dejaban besos interminables. Un cuarto de hora en el tiempo, una eternidad en el alma.

Caballero de levita que mi corazón encoje, ritmo de pies que ni siquiera se rozaron, quien me hizo ser una bailarina de cajita de música. No había lugar para distraerse con razones, estaba soñando, era un sueño soñado hasta su mínima expresión.

Tiempo que ha pasado sin pesar, ni siquiera un reloj lo marcaba, solo roces, pieles cálidas,  corazón parado sin ritmo y el mío  trotando por las montañas de planeta lejano.

Unas voces lejanas rompieron la magia. El pasillo recobro su negrura, la puerta se cerró, mi tiempo volvió a no ser su tiempo. Se desvaneció el sueño.

DAMADENEGRO 21/5/2012Safe Creative #0811281686360

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