~LA BELLE EPOQUE~

Quizás para muchos sea una simple visión sibarita del mundo, sobretodo para los más jóvenes, pero para quien ya ha pasado la mitad de la vida en este mundo que día a día se va haciendo cada vez más difícil, le es muy fácil saber cuales son aquellos lugares que te pueden inspirar sentimientos nuevos. Quizás también esa experiencia de la vida me lleve a ir más allá de la simpleza de una fachada o de unos muebles, busco recuerdos, busco palabras perdidas en esos lugares que sé perfectamente que están impregnados de historias de otros tiempos, de sentimientos que tuvieron como muros esos que ahora estoy mirando y que me acogen en mi peregrinar por sitios inolvidables.

El hotel María Cristina es uno de esos lugares especiales y más especiales aun cuando se celebra en la capital el Festival de Cine de renombre mundial. Y nada mejor que este hotel que fue inaugurado por la reina que lleva su nombre en 1912, para reunir sentimientos y personajes que llevan a sus espaldas todo el peso de una experiencia artística, social, económica o incluso cultural. Por este motivo el hermoso edificio, renovado interior y exteriormente hace poco, brilla como una perla junto a sus dos playas de arenas blancas: La Concha y la Zurriola.

Enclavado en el centro histórico de la ciudad, con el río Urumea dando brillo a ese fondo magnífico que es el mar Cantábrico se levanta esta hermosura fiel reflejo de la Belle Epoque. Y al salir del coche y verte frente a su fachada no puedes dejar de sentir esa hermosa sensación que se tiene cuando estás a punto de penetrar en una especie de película de delicadezas como si de cualquier “Edad de la Inocencia” se tratara. No hay ni un sólo rincón de él que no te dé esa maravillosa inspiración de estar contemplando parte de la vida de muchas personas y de su forma de vivirla.

Las 108 habitaciones y 28 suites del hotel son dignas de ser visitadas porque en cada una de ellas hay una historia distinta; quizás también tuve la suerte de estar en una habitación que según me contaron posteriormente tenía su historia particular. He de confesar que aquella noche noté ciertas vibraciones especiales, no sé, como si alguien quisiera contarme sus cosas al oido. Tremendamente especial.

Refinamiento en los pasillos, en el hall principal, en el restaurante “Easo”, en el bar “Grill, en cada uno de los cinco salones destinados para reuniones y banquetes con capacidad para casi 700 personas. Allí donde se hacen también las presentaciones ante la prensa; las escalinatas que han visto deslizarse por sus escalones los bellos trajes de la época, los atrevidos modelitos de los 20´s y un sin fin de rostros famosos que han dado vida a cada uno de sus rincones.

Mi habitación era hermosa, en este caso no cabe hablar de sencillez ni de suntuosidad, era simplemente hermosura en los más mínimos detalles, en los cabezales de las camas, en la ropa, en las cortinas, en los sillones, en los cuadros, en ese inmenso cuarto de baño que te hacía sentir como la más favorecida estrella de cine; la moqueta roja igual que los cortinajes con esa tenue luz que da las lámparas amparadas en la ocre iluminación de la intimidad. El resultado un lugar para soñar.

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