MODELO

París se cocía con los casi 40º que nos recibió aquel fin de semana; dimos gracias a los cielos de que no tuviésemos que andar por sus calles ya que nuestra visita estaba motivada por algo muy especial, algo que había conocido pero que no iba a vivir tan cerca como aquel Desfile de la Moda Masculina para el Otoño-invierno 2006-2007. Moda y París es algo que salta por los aires dentro de cualquier norma, lo más exclusivo estaba allí y por supuesto a ser un desfile masculino, la sorpresa estaba más que servida; incluso mucho más que si hubiese sido un desfile para féminas nada más.

Poco o nada me importa las tendencias de las grandes firmas, no estoy metida ni he estado influida por ninguna de las que se ven en las pasarelas porque realmente creo que eso que se pasea por los largos pasillos no es la moda que se lleva o se va a llevar, es simplemente un cuadro pintado con una firma de renombre para cierta clase de personas que gusta de símbolos y de fetichería. Sin embargo al ser un desfile para hombres mi curiosidad se iba a ver más que aliviada con la visualización In Situ de estos chicos tan especiales que difícilmente se ven en las calles de cualquier ciudad del mundo. Quizás porque no estén vestidos así, quizás porque no estén peinados así y quizás también, porque no se atreven a salir a la rue de tal guisa.

El pase de mi amiga para entrar tras los telones de la pasarela antes, durante y después del desfile de varones nos daba la oportunidad también de ver a esos ejemplares únicos en su ambiente más íntimo y por supuesto nos brindaba también la oportunidad de conocer el fantástico mundo de las telas hasta el último pespunte.

La verdad es que antes de comenzar el desfile nos adentramos por la puerta VIP, una tarjeta así lo pregonaba y haciendo uso de buenos modales, el gorila en estado de alerta de la puerta negra nos dejó entrar, no sin antes hacernos un verdadero examen ocular de arriba a abajo… cosas de la vigilancia.

Cuando pasamos el largo pasillo que comunica con un gran salón donde se distribuyen los camerinos o los cuarteles generales de las grandes firmas, me quedé realmente sorprendida de ver a tanta gente y que cada uno fuese a lo suyo. Nadie parecía conocerse y sin embargo nadie enturbiaba el trabajo del prójimo ni hablando ni gesticulando como había visto en otros desfiles. Al fin y al cabo estamos en París, me dije… como si aquello en esta tierra fuese diferente al resto del mundo.

Marcas conocidas se daban la mano, vecinos del mismo desfile. Modelos muy jóvenes eran maquillados y vestidos hasta los últimos retoques por manos tanto femeninas como masculinas. Ese halo de ángeles caídos del limbo es natural de estos chicos que no son nada naturales, miradas vacías o quizás más bien parece que adolecen de enfermedades propias del romanticismo europeo. En fin que no están en mi línea…

Andando entre armarios lacados blancos llenos de ropas, modelos antes el espejo, chicas y chicos dando los últimos toques y retoques a los peinados y a los atuendos, mis ojos no sabían a donde posarse, aquella feria de vanidades me dejaba totalmente fría. Y sin embargo se hizo el milagro…..

 

Recodo al final del salón, alguien sale casi corriendo gritando en alemán no sé qué de un cliente. Me dio el pálpito de que alguien conocido estaba en la zona y veía modelito para comprar antes del pase público. Y así me fui con disimulo hacia el lugar, un rincón amarillo con sillones blancos que estaba situado al final del gran salón de modelos y modas. Di la vuelta y mis ojos se encontraron con la belleza hecha carne, con la misma bajada de un dios que se había aburrido del olimpo casi vacío para dejar a los mortales boquiabiertos con su belleza. No pude hacer nada más, me senté en un sillón que había vacío cerca y deseé ser invisible para que nadie interrumpiese mi visión.

Un aire especial se adueñó del ambiente cuando el rubio hermoso puso un abrigo de pieles sobre sus hombros, pieles sintéticas por supuesto, que estos famosos son muy amigos de las causas humanitarias. Pelo largo blanco que destacaba sobre un pantalón y camisa negro y por supuesto la camisa abierta en casi su totalidad dejando el pecho al aire. Teniendo en cuenta que le conozco desde hace años, sé positivamente que depila su pecho pues desde muy joven ha sido un hombre de “pelo en pecho” que se dice en mi tierra; sin embargo nunca me ha perecido una mariconada ni nada parecido que él se haga el depiplus en esa zona, y que por supuesto luzca suave y sonrosado como el culete de un bebé.

Es hermoso¡¡¡.. y difícil es decir que un hombre con más de cuarenta años sea hermoso… pero siempre lo ha sido y curiosamente no se ha despojado de ese imagen angelical y juvenil. Y sigo mirando, con estos ojos que buscan algún detalle perdido de su cuerpo; imposible me los sé todos de memoria… Se pone un sombrero tejano negro y se hace varias fotos de estudio. Supongo que el famoso estaba allí para eso. Una sesión fotográfica. Luce genial, bello abrigo para un bello Apolo.

Por lo visto se ha terminado la sesión dedicada al abrigo y ahora se despoja de él.. se quita también la camisa y con sólo unos pantalones de lo más roquero, bajo de cintura, tan bajo que veo algo que me hace moverme intranquila.. Una tiene sus puntos débiles y precisamente ése es uno de ellos.. Vaya visión más hermosa. El famoso se pone una camiseta que costará miles de euros pero que puede ser también una comprada a todo a 1 € en cualquier ciudad de mi Patria y con una chaqueta de cuero negro y tras unos retoques en su rebelde y teñido pelo rubio casi blanco de ahora, comienza una nueva sesión de fotos.

Cada flash hace que mis ojos se cierren y se abran y precisamente en el último relámpago de luz, la visión quedó totalmente nublada ya que mis retinas estaban hechas a una longitud demasiado larga en comparación con la distancia que ahora me separaba de mi objetivo. Literalmente le tenía pegado a mi nariz.

Te ha gustado lo que has visto? — preguntó con cierta guasa interior.

Sabes que siempre he tenido muy buen gusto en cuanto a hombres — contesté.

Y dejando la moda que te ha parecido el modelo? — siguiendo con la subida del nivel de morbo.

Un poco más lejos te vería mejor — contesté no queriendo perder la oportunidad.

 

Y en esos momentos el bello que siempre ha sido dueño de mis retinas, se apoderó de ellas haciendo que mis ojos se convirtiesen en fuentes de tamaño familiar igual que aquellas que servían para ofrecer los canapés. El hombre se fue despojando de su camiseta cara, muy cara o quizás barata como las que estoy acostumbrada a ver y se quitó también esos pantalones negros ribeteados de metal en las costuras. El calor inundó mi cara y mis ojos buscaron auxilio en alguien cercano. Sin embargo nadie miró, nadie sintió curiosidad por ver aquel cuerpo desnudo, nadie se paró a contemplar ese magnífica visión.

El rubio se dio un pase de espaldas a mí y después se puso frente a mis narices ofreciéndome lo que realmente constituye su ego más íntimo y se quedó tal cual unos minutos. Mis manos se llenaron de un temblor porque me conozco y sé positivamente que si allí no hubiese tanta gente esa provocación no hubiese salido sin una réplica por mi parte; pero que le voy a hacer¡¡¡ todavía tengo vergüenza propia o ajena y seguí mirando hasta que el rubio dio por terminado su desfile particular y privado para ponerse de nuevo unos tejanos rotos y una camiseta (esta sí es de las baratas, por supuesto).

Y me levanté queriendo encontrar el familiar rostro de mi amiga, que no sé donde se había metido y sin embargo la ví metiéndole mano a un joven mulato que desfilaba bajo la firma de EMANUEL UNGARO; siempre ha sentido atracción fatal por lo exótico.. Así que salí hasta la sala de desfile donde las luces se habían apagado y el espectáculo comenzaba.

Me senté en la quinta fila para no molestar a los allí preparados y comenzó el ir y venir de los jóvenes con los más diversos modelitos; atrevidos unos; divertidos, otros; para morise los más y elegantes los menos. Y cuando llevaba más o menos una media hora de paseo sin final ni comienzo de los jóvenes efebos, un calor se adueño de mi oreja izquierda con una voz que me cantaba bajito: tu eres mi mujer (en inglés claro ¡).

Y al volver la cara para ver quien se atrevía a molestarme en tan importante labor como era la contemplación de las obras de las firmas más caras y famosas del mundo de la moda; mis ojos se dieron de bruces con los azules ojos de él, aquel que hacía mucho me había robado el corazón pedacito a pedacito en cada estadio o sala del mundo donde su voz se había dejado sonar.

Mi amiga no apareció y mi figura se deslizó hasta el taxi parado en la puerta trasera donde me esperaba el cielo para iluminar mi noche en París..

DAMADENEGRO

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