EL TOCADOR

Recuerdo aquel mueble antiguo, situado en el rincón del gran dormitorio, con sus espejos ovalados con marco de madera. Tres espejos que triplicaban tu imagen y la podías ver desde tres ángulos.  En el centro estaba la palangana de cerámica blanca con pequeñas flores rosas pintadas en el borde.

La madera era oscura seguramente de  gran valor como todos los muebles de madera de antaño. Tenía una  gran losa de mármol que hacía de encimera y en el centro se encontraba encastrada la palangana. Una fila de cajones a la derecha, un hueco en el centro para ponerse sentada en el centro frente a los espejos, y pequeños cajoncitos a la izquierda donde se guardaban horquillas, peines, lazos, broches todo para el pelo.

Redecillas para los días de viento, para el famoso roete que mi abuela se hacía con  primor, yo sigo la costumbre pero no tenia aquel mueble entrañable que se perdió cuando murió mi abuela.

Una bandeja de plata contenía el peine, el cepillo, una brochita para las cejas y pestañas, miles de cajitas con diversas tonalidades de polvo para el cutis de una marca que todavía se encuentra en el comercio.

Al principio solo asomaba los ojos y el pelo rizado, y con el paso del tiempo me veía en rostro completo e incluso el vestido cuando me levantaba de la silla con respaldo también de madera suave y conservada primorosamente.

Se perdió con la muerte de ella, no he encontrado nunca un rastro de cómo desapareció de la casa. Me imagino que alguien sabia de su valor para un anticuario y también por la madera, el mármol y la porcelana.

El rincón sigue en el mismo lado y yo he querido hacerle homenaje con un mueble parecido, aunque moderno claro. No es el mismo resultado y tampoco me devuelve el espejo aquellos ojos que se abrían a la vida como entonces. Algunas veces en el noche me imagino a la abuela peinando su larga trenza canosa y recogiéndosela en un moño.

Otras me llega el perfume de su colonia, aquella Madera de Oriente, que inundaba la habitación. Otras cierro los ojos y noto el roce de su vestido blanco y negro por las cortinas de crochet hechas por ella misma.

Otras simplemente espero, no sé bien qué, pero espero que suceda algo que nunca sucede.

©DAMADENEGRO 27/8/2012

Un comentario en “EL TOCADOR

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