DIA DE LLUVIA

Día  de lluvia, se busca el cobijo de la vieja casa, tras los cristales las plantas verdes bailan al son de un viento que se nos antoja precursor de grandes vendavales.

Me gusta este ambiente, es la primera vez que lo comparto contigo; eres conquista de verano y aun no habíamos visto las primeras lluvias juntos. Tu piel  se vuelve rosada con esta atmosfera llena de recuerdos. Vuelven a la vida, quizás llevados por esa excitación que han notado en tu mente y en tu cuerpo. Eres hombres de interiores, para pasar el tiempo junto a la chimenea, para hablar de sentimientos, para cogerte la mano y hacerte vibrar de emociones.

Te acurruca en el viejo sillón, ahora remozado con una nueva tela que mucho recuerda sus flores rosas ya marchitas por el tiempo. El mismo ángulo de la chimenea, cosas de casualidades, te sientas en el mismo ángulo y tu suave rostro recibe el mismo resplandor de mis sueños pasados.

Dices que hace calor, y te quitas sin pudor la camiseta de un equipo de polo ingles. Me gusta verte así, quizás porque me recuerdas mucho a esos mozuelos que decoran los palacios florentinos. El pelo negro sobre tus ojos te da ese tono infantil pese a tus treinta y un años.

Hace calor, quizás hemos corridos las cortinas y cerrado las ventanas antes de temporada. La lluvia comienza a caer y mis manos te buscan. Te dejas acariciar, es un juego al que te has acostumbrado. Deseas placer pero sabes que tendrás que esperar un ritual de sí y no, a mi manera.

Tu cuerpo comienza a sentir los primeros síntomas de la sobrecarga que soportan tus oídos por frases a media voz, caricias leves, insinuaciones , roces y besos de terciopelo.  Es la otra forma de la seducción, aquella que se aprende con los años, los mismos que te faltan a ti pero que te hacen ver cosas que antes ni imaginaste. Ladeas la cabeza dejando tu suave y bello cuello al alcance de mil caricias.

Eres hombre de ropa de marca; unos simples tejanos pueden ser una pieza única de una marca que haría palidecer de envidia a cualquier joven de corta edad y sin embargo, la dejas caer sin cuidado, amontonándose en el rincón del viejo butacón beige.

Habla  tu pecho suave,  con algunos vellos dispersos que te hace aun mas indefinido, ángel de porcelana. Se notan los latidos de ese corazón que no está acostumbrado a estos pasajes oscuros y retorcidos del arte de amar. Me gusta escuchar esa cabalgada loca hasta la meta; meta más abajo cuando el signo señala el objetivo. Curioso, pero cierto que el diablo ha colocado en ti para decir: este es el premio.

Ajeno a mis pensamientos, cierras los ojos, tu aliento sale libre de esa boca entreabierta. Subes y subes las escaleras del cielo.

Siento  cada paso, es mi razón en estos momentos, me llevo entre mis manos pedazos de ti, nácar vital que se desvanece con el paso del aire y del aliento.  

 ©DAMADENEGRO 24/10/2012

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