BAJO EL MISMO TECHO

 

vampiroNunca pensé que estaría en un lugar como aquel; siempre me imaginé que se debatía entre el fuego y el calor de una montaña a punto de estallar; jamás pensé que el lujo de una mansión victoriana en pleno centro de la ciudad sería su morada, todo un lujo para quien estaba desterrado y condenado a pasar calamidades por sus pecados de orgullo y su desfachatez de superioridad y sin embargo, allí se movía como el amo y señor de todo lo que le rodeaba y que no era suyo pero por algún mal de ojo o venta de alma poseía lo que no era suyo y lo manejaba a su gusto.

Puse mis maletas sobre la cama; grande y llena de telas costosas y pesadas que formaban su cabezal, miré las alfombras mullidas y como nuevas aunque tuvieses 100 años, me dejé caer en un cómodo sillón cansada del largo viaje pero llena de nervios con la posibilidad que se me brindaba de acceder a unas de las colecciones de libros privados más importante del viajo mundo. Tenía tanto que buscar allí en las bibliotecas donde algunos incunables me darían la satisfacción de conocer ciertas dudas más teológicas que morales que me rondaban por la mente desde hacía algunos años.

Todo quedó colocado en el armario y en los cajones de una gran cómoda victoriana que olía a madera de pino como si fuese nueva; cerré la puerta de mi habitación y intenté orientarme por los pasillos hasta llegar a la sala central donde me esperaban para hacer las debidas presentaciones con el dueño de la mansión. Una doncella tropezó conmigo y gracias a ella puede llegar a la escalera principal y bajar hasta la planta principal donde se me esperaba. Me maravillaron las puertas correderas de la sala con un grabado inspirado en la creación y expulsión de hombre del paraíso por su mal arte de creerse siempre superior a todo.

 

Las puertas se abrieron de par en par y me encontré con ese hombre tranquilo con rostro lleno de paz que me había invitado a su morada para que estudiase todos sus libros sin ninguna contraprestación. Una invitación que para mí algo más que un gran premio porque sé que allí encontraría muchas respuestas a mis preguntas y vería ejemplares míticos entre las gente que colecciona libros antiguos.

Un taza de té junto a la chimenea de mármol rosa estilo renacentista, entre tapices sin precio, cuadros enmarcados en oro, miradas de retratos inquisidoras, una sonrisa forzada de la doncella al servirme el té, y los ojos pequeños y azules de mi anfitrión fue el primer recibimiento que me dio la casa. Terminada esa fase inicial nos fuimos a la biblioteca; el espectáculo que se me brindó al abrir las puertas me dejó helada. Miles de libros se alineaban en varias salas, a los dos lados y en dos piso con balaustrada y escaleras de madera. La visión casi me causó mareo; era la posibilidad de ver tantas cosas…

 

Mi anfitrión me cedió la casa el tiempo que fuese necesario y se disculpó por tener que irse a su despacho profesional algo lejos de este lugar que aunque situado en medio de la gran ciudad, estaba embargado por un silencio amable y discreto. Me quedé solas entre aquellos libros que serían mi compañía durante algunos días, yo diría que semanas y si por mi fuese, meses y meses. Hice una composición de lugar, trace un plano de su distribución y después iría poniendo título a cada estante para llevar algún orden. Enfrascada en todo ésto estaba cuando sentí la presencia de algo o alguien, un aroma a flores secas inundó todo y un escalofrío recorrió mi columna en segundos.

Pensé que sería mejor que terminase el plano en mi habitación hasta la hora de la cena.

Así fue como comencé a planear mis estudios sin tener en cuenta que alguien me observaba a través de ojos pitados en un cuadro; una mirada llena de inquietud que aún no se había manifestado pero que le hacía temer y temblar por mi presencia.

Dos días seguidos de estudio fueron suficiente para que me sintiera como en mi casa y conociera cada pasillo y cada estante de libros como mios; las horas de la comida y del desayuno estaban controladas también por el personal del servicio que cada vez más me parecían muy raros; sus miradas se hacían tenebrosas como queriendo decir algo sin hablar. El dueño de la casa se tuvo que marchar unos días fuera por asuntos no muy claros para mí. Y es así como me quedé dentro de aquel caserón como ama y señora del lugar.

La verdad es que el decorado influyó en mis ánimos; me sentí como protagonista de un sueño y no dudé en tomar un tul del armario para salir bailando por el pasillo a unas horas que normalmente el servicio está recogido en la cocina o en sus habitaciones. Vueltas y vueltas a través de pasillo con hermosas cortinas y bajo la atenta mirada de señores con bigotes y damas de alto copete que me miraban de reojo con recelo diría yo o quizás, con envidia.

En uno de esos lances pasé por una puerta entornada y casi sin mirar vi el cuerpo desnudo., un torso desnudo de un hombre….. paré mis pasos de repente. Quise verificar lo que había visto y volví atrás detenidamente, miré tras la puerta medio abierta y vi como dos doncellas ponían un curioso batín a un hombre cuyos ojos se clavaron en los míos. Me quedé quieta sin atreverme a dar un paso, mientras la mirada de ese hombre ya vestido con una levita negra se clavaba más y más en mis pupilas.

Un calor especial se apoderó de mi cuerpo y casi de mi alma que parecía correr loca fuera de su hábitat….. Qué estaba pasando?

Corrí por el pasillo hasta mi habitación, cerré y me dejé caer en un sillón frente a la puerta. Traté de escuchar pasos, pero no había ningún ruido… traté de no hacer ruido ni con mi respiración pero de pronto sentí algo húmedo, pasmoso en mi nuca.

“De nuevo juntos”, se escuchó tras mi espalda, un sudor frío me nubló la vista.

Me volví, allí le tenía; los mismo ojos, la misma mirada azul con negro; pureza y horror, pecado y cielo. Se puso a mi lado, no se agachó, simplemente cogió mi mano y la beso con ese beso fatal que tiene la muerte antes de decir “ven conmigo”.

Se colocó al lado de la ventana… sin mirar, trató de decir alguna cosa pero no pudo; aferrado en mis manos estaba el crucifijo que me acompaña siempre; el de mi madre y mi abuela. Creo que de nuevo había intentado seducirme, y este objeto sagrado por muchas cosas me había devuelto a la realidad.

Poco tiempo más estuve en aquella casa; hice las maletas en minutos y salí con ellas hasta el piso bajo. Le dije adiós al mayordomo sin más explicaciones aunque noté cierta sonrisa de satisfacción en sus labios. El portón se cerro tras de mí y tomé un taxi que me llevó al aeropuerto.

DAMADENEGRO 11/9/2010

Título: bajo el mismo techoFecha de registro: 11-sep-2010 17:00 UTCAutor: damadenegroTipo de obra: Literaria, Narrativa, Ensayo

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