JUEGO CON LA MUERTE

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Siempre la he tenido cerca, la he visto esconderse entre las lápidas del viejo cementerio cuando con mi pan con manteca colorada saltaba entre las tumbas semiabiertas por el tiempo. Nunca he sentido miedo teniendo la Muerte tan cerca, pero ella se afanaba en hacerse notar; un poco de intimidación pienso… Quizás sentía la enlutada Señora, un poco de morbo por alguien que desde sus pocos años no sintió resperto por su tan cercana presencia.

La ví entrar en aquella habitación de la casa familiar, donde las puertas hacían roces de metal con el empuje del viento. Vino buscando un trozo de mi vida y se colocó al otro lado de la cama esperando con sus cuencas vacías que yo soltara la mano de quien, en ese momento, significaba precisamente todo lo contrario de lo que ella era. Vida que se debatía entre mares de sangre que le faltaba, que no tenía y poco a poco fue soltando mi mano porque la fuerza le abandonó. Se fue con Ella. Y sin embargo yo no la temía.

Vino de nuevo a aquella casa pronto, pienso que demasiado pronto, para llevarse otro trozo de mi vida. La abuela dejó sus cabellos yacer en la almohada con encajes de crochet y cerró sus azules ojos no sin antes apretar mis manos como queriendo hacerme saber que la vida seguía conmigo. Y el sueño se apoderó de su cuerpo. La segunda vez…..

Pasó el tiempo, mucho tiempo cuando de pronto y casi sin darme cuenta apareció en aquel hospital. Algo me hizo dudar de cual era su misión pues el enfermo se encontraba bien, levantado y con buen aspecto y con la caída de la noche la alarma estalló. El corazón no pudo más, se paró y le dió su brazo para llevarse una parte de quien me dió la vida. Me estaba poniendo a prueba, demasiada creo yo. Pero me quedé con los piés clavados en aquel mármol que tapaba al hacedor de mis días, al hombre que me formó, que me educó y con el cual mantenía una relación especial…. su imagen no se fué, algo suyo me quedó. Una sombra alargada que poco a poco me iba cubriendo y me amparaba en los difíciles momentos que me esperaban.

 Unos años de descanso y un día apareció otra vez. Una voz sonó de fondo: “estaré por aquí rondando, pero todavía no es hora de marchar”. Mis ojos se clavaron en la cara de mi madre. Sus ojos no me hicieron dudar que era ella la elegida y sin embargo, había que esperar. Una prueba era quizás?.

Fueron meses de verdadero examen para mí y para ella; se doblaba la vela que tan orgullosamente había mantenido el pabellón familiar. Su luz estuvo tocada de tinieblas desde que su mitad se marchó precisamente con esa Dama que asomaba su tétrica cara tantas veces en mi vida.

Las fuerzas se fueron tornando débiles, las voces se fueron apagando entre leves susurros sin sentido. Era el final y aunque esta vez lo puso difícil, la paz volvió a reinar en el rostro sin vida de quien fue mi madre. Depositada en su lecho de raso blanco y fina madera, yacía rodeada de rosas blancas y claveles rojos, como tanto amaba. Un ramo de azahar a sus piés adornaron tan lúgubre lecho mientras Ella se asomaba al cristal de la espera.

Dos faroles se aturdían con la belleza del crucifijo familiar que en la cabeza del ataúd se puso por expreso deseo personal. Y Ella me miraba, intentaba hacerme señas en medio de mi oración. No me pudo sacar de esa conversación íntima que tenía con la última persona que conformaba mis raíces, mi vida y un poco del porvenir. El cristal nos separó, no quiso ponerse en este lado, .. no se atrevía a estar tan cerca de mí.

Y una vez que la losa tapó lo que quedaba mortal de los cuerpos que más amaba desde que nací, se fue por el pasillo encalado de blanco, rutilante vestido negro bajo el sol del verano; dejando solitaria a quien hizo del negro su color y paseaba por los patios del reposo eterno musitando una oración; allí donde parecía que no había vida, la vida se hizo fuerte en mi corazón. En los árboles los pájaros cantaban y Ella se marchó callada, no quiso ni mirarme. Temía confundirse, quizás?.

Ahora pasado el tiempo comprendo lo que tenía guardado para mí. Un intento de llevarme en ese momento clave que mis defensas dejé caer. Poco pensó que a lo mejor la reacción sería al revés. Cuando más fácil creía llevarme para sí; se encontró con el muro que pudo bailar con Ella a mi manera, a mi forma y dejarme por imposible la segunda vez.

Sin embargo reconozco que lo hizo muy bien; un intento de los mejores… pero mi querida amiga se encontró con que el trono estaba ocupado por alguien que me daba más vida que ella podría quitarme. La historia entre las dos no tenía fin.

Lo intentó… lo intentó pero fui yo quien decidió ir a mi manera hasta ella, un engaño a la engañadora?… quizás pudo la imaginación más que la muerte poner fín. La Divina, como siempre la he llamado, se forzó en buscar escenario para poder engatuzarme con sus juegos, pero el As estaba escondido entre mis manos…… 

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