(¯`·._.·AMANTES·._.·´¯)

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La naturaleza es sorprendente y a la vez se torna brava y desconsiderada con sus hijos; con los hombres; con las mujeres. Un día se puede creer que todo es bello, natural y que tenemos todo aquello que deseamos; al otro se puede convertir en un verdadero vía crucis que nos lleva por caminos tormentosos donde la voluntad se ve envuelta en millares de vaivenes que te hacen ser un títere en manos del destino.

Es lo que me ha pasado, sabía que había algo en él que no estaba claro, había una mirada especial en esos ojos que se perdía en las alturas de las montañas; nostalgia de algo que no podía ni imaginar. Me conformaba con verle, simplemente me sentía feliz sabiendo que existían hombres como él capaces de hacer soñar todavía.

Un día se convirtió en la antesala de la sorpresa cuando cogió el coche de segunda mano que gruñía con el cambio de marcha y se alejó por el camino de polvo que iba hacía la cabaña escondida en los montes más poderosos que nos rodeaban en aquella vacaciones invernales. No pude evitar la tentación de saber qué hacía en la soledad de los picos altos llenos de nieve y de ese lago que servía de espejo a los árboles ancianos y llenos de historias. La cabaña estaba allí oculta de la mirada de todos, casi disuelta en un paisaje marrón de maderas cortadas para ser transportadas y del verde de esa orilla regada por las aguas del manantial que en lago se convertía ante su entrada.

El coche mío hizo los últimos metros en silencio, incluso los animales del bosque fueron despistados por el suave deslizamiento que hacían las grandes ruedas sobre el piso natural. Lo dejé allí escondido entre las ramas caídas de un viejo abeto casi moribundo y fui poco a poco acercándome hasta la pequeña casa de madera.

El había entrado ya; me llamó la atención el humo que salía por la chimenea, blanco y espeso. Había alguien más que le esperaba. Mi corazón dio un vuelco dentro de mi pecho. Había alguien que se había convertido en el dueño de su tiempo, una llamada lejana que le hacía perderse de nosotros y búscale en la soledad.

Me acerqué aún más. La ventana era pequeña pero lo suficiente para ver lo que pasaba en su interior. La chimenea lanzaba brazos de llamas rojas y envolvían dos cuerpos que abrazados estaban ya. Mi corazón volvió a sentirse dolido, nada podía hacer. Un remolino de abrazos y un sin vivir de besos unió a los amantes que poco a poco se fueron quitando las ropas mientras sus bocas se afanaban en tragarse la lengua del otro. Un jugo de amor que me hubiese gustado disfrutar.

Los labios de mi joven amigo se fueron perdiendo por el cuello de su amante; el hombro al aire que tomó con fuerza para con la otra mano poderle acariciar la espalda ya desnuda y poco a poco sus manos se fueron hasta los pantalones que abrió sin tardar un minuto, dejándole a merced de mi mirada que casi se pierde en el suelo; la soledad más completa se hizo dueña de mi, mientras los amantes casi desnudos ya se acariciaban pechos, muslos y besos perdidos en la boca de uno y casi hasta el aliento se querían tragar.

Aquellos dos cuerpos allí enmarcados con el fuego del hogar, la bravía acomentida que uno daba al otro me hicieron por un momento desear estar en medio de los dos y sentirles ante y detrás de mí. Qué estoy diciendo ¿?. Nada… es un deseo no más.

Uno de espaldas se deja acariciar y besar de arriba abajo, un camino de letanías y de frases que veía como se pronunciaban pero que no podía escuchar. Una lengua que se pierde en el cuello y que baja por la espina dorsal y llega hasta aquellos glúteos que se hacen montañas de nárcar y poco a poco con las manos abre y besa. Besa y sigue besando hasta el beso largo que de negro se convierte cuando la lengua se pierde por ese camino equivocado según dicen, pero que algunas veces es elegido como el favorito, debe haber variedad; hay amor y deseo y se busca lo mejor para dejar satisfecho el cuerpo.

Y se deja mi joven amigo boca abajo besar mil veces, acariciar y en un arrebato se vuelve para besar también, boca, pecho, manos y continua por el camino que le lleva al centro con ese frenesí que dá el ritmo del deseo que sube enteros. Un beso en la punta del placer, poco a poco acaricia esa lengua un duro camino hasta el cuerpo lleno de calor por sentirse dentro de esa boca amada y deseosa de conseguir más y más.

Me dejo caer en la ventana cerrada, sin poder mis ojos apartar de esta escena. Él se vuelve a retirar y con ansias el amante pone de espaldas al amado y su locura de deseo penetra en el cuerpo tierno de mi gavilán que en paloma se ha transformado. Cruel realidad para mí ver esto. No sé si lo podré soportar.

Una sinfonía de empujes se convierte en penetraciones y en la cara del amado gavilan el deseo hace regueros de lágrimas, una boca medio abierta pide más y más y su amante le da ritmo a su amor a punto de estallar.

De espaldas consigue que ese dardo que ha lanzado contra el cuerpo joven y hermoso de quien creía sólo mío llegue hasta el final y en un sinfín de subidas de mareas y bajadas de orillas corporales deja en su túnel virgen el manantial que desemboca en unos gritos que se confunden con esos que los animales en el bosque dan.

Dos alientos que se pierden en el viento, tres diría yo que el mío también está a punto de terminar. Los dos hacen entradas y salidas hasta que no haya en su cuerpo más vida que la propia. Cuánta belleza desparramada por la alfombra y mis ojos sin titubeos miran y tratan de retratar esos momentos porque nadie ni yo misma, me los voy a creer un día más.

Los cuerpos caen al suelo, uno de espaldas al otro. Un beso de pasión ha quedado dado en el cuello y otro en la boca que amó un momento ese tótem de sexo, falo deseado que ha quedado en manos extrañas. Cierran los amantes los ojos, quedan dormidos juntos ante el fuego que ahora simplemente desea calentar sus cuerpos bellos que de deseos han quedado satisfechos.

Doy un paso atrás. Me pierdo en el bosque en busca del coche. Pongo la marcha atrás y miro por última vez la cabaña donde dejo mi amor y mi deseo en prenda ya que no voy a luchar por algo que no tendré jamás.

Por el camino mis pensamientos se desgranan, unas lágrimas de ternura y de dolor se deslizan por las mejillas. Belleza no habrá más, que ver lo que yo he visto. No puedo decir nada más. Prefiero perderme en el camino y no volver a verle más porque me siento torpe para aceptar que algo que creía mío se perdiera de esta forma en la inmensidad del bosque.

Vuelvo a la ciudad. Un halo de olor a madera hay en mi interior. Quizás es lo único que vuelva a tener de él. Quien lo iba a pensar? Amor que se transformó en deseo y ahora se desvanece porque nunca se hará realidad.

.•´´¯`••._.• DAMADENEGRO .•´´¯`••._.•

**Inspirada en los personajes de una de las mejores películas de los últimos tiempos: Brokeback Mountain.

 

 

 

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