ALEXIS

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Se entabló esa química especial que bulle jubilosa cuando dos productos afines se mezclan; quizás desde el primer momento cierto picor loco recorrió las venas de uno y de la otra y sin embargo no era algo tan normal como podría parecer.

El lugar no era el más apropiado para tener un encuentro amoroso y sin embargo Rumania ofrece hoy día a los ojos asombrados de su turismo activo y nuevo, unas imágenes que podrían poner a pensar a más de uno que esté inmerso en su literatura y sobretodo en sus ancestrales costumbres. Hay mucho relacionado con la sangre en este país… hay mucho relacionado con el roce amatorio y con la muerte en este país. Las leyendas locales que muchas veces han sido tapadas por los aldeanos tienen como protagonistas a seres extraordinarios que moraban en los castillos casi en ruinas que pueblan su geografía y sin embargo nadie pensaba que esta historia pudiera ocurrir en el siglo de la velocidad y de la luz.

Y apagando luces y dejando la velocidad a trote de caballos me presenté en el hostal perdido en los Cárpatos. Mi entrada había sido anunciada con bastante antelación pero el aldeano sigue siendo desconfiado con los extranjeros y más cuando es una mujer la que le visita y tiene como finalidad descubrir una historia perdida en la leyenda, unos nombres que figuran en listas de parroquias y algunos que han sido borrados con tal premura que se nota la mano veloz de su enmienda.

La primera noche fue larga porque el cansancio de varios días acumulado era grande e hizo que la mullida cama tuviese más atracción para la mente que las historias que tenía entre manos con un hombre en común, el joven Alexis que vivió hace cuatro siglos oficialmente pero que según cuenta aún se mueve por los campos y los bosques del lugar.

Al día siguiente me encontré una mesa surtida con tales productos que no tuve más remedio que preguntar si todo era para mí. La oronda mesonera me dijo que había que comer fuerte porque el tiempo era muy cambiante y había que tener buenas defensas para el frío. Así que me hinché bien y un poco más tarde mi guía que iba a llevarme por ciertos sitios escondidos de aquellos parajes entró mirando para todos lados; hombre bajito y con cachetes rojizos que me imagino de darle al vino,  no tardó en darse cuenta de quién era la visitante. Se inclinó cortésmente (cosa que también me llamó la atención), y se puso a mi servicio.

Con todos los elementos propios para tomar apuntes de lo que iba a ver y escuchar de este hombre que todavía no me había dicho su nombre, salimos y nos montamos en el carro. En el pescante que diríamos en mi tierra,  fui admirando esta tierra dura y de pocos colores. Grises y verdes con algo de azul en el cielo que asomaba entre las temibles nubes, dibujaba nuestro escenario y poco a poco este hombre de voz ronca que llevaba con una mano la rienda del caballo y con la otra la botella comenzó su  historia que me imagino había contado más de diez veces…..  

Seguimos un camino de polvo, un sendero que daba vueltas y se retorcía como si fuese una serpiente pero curiosamente el carro se agarraba al suelo como si sus ruedas fuesen manos con cien dedos. Las ramas de los viejos árboles lloraban sobre nosotros hojas secas que caían al suelo a nuestro paso y de pronto una piedra señala una bifurcación de camino. Del camino original salen dos senderos y se pierden a la vista en pocos metros sumidos en ramas secas y montones de hojas.

Este hombre cantarín calla, coge el camino de la izquierda (no sé por qué pero me imaginaba que sería el de la izquierda), y en silencio recorre algunos metros. Allí sumergido entre los árboles y la humedad parece que se ve una casa de piedra… seguimos y la casa se convierte en una casona… más cerca y veo que tiene almenas que rascan el cielo nublado.

Para el carro, se baja y salta a mi lado para ayudarme a poner pies en tierra. Me bajo, siento la humedad del ambiente curiosamente cuando todo parece seco. Y me voy tras él.

Llega a  la puerta de la mansión casi en ruinas, piedras grises, enormes que sirven de paredes y cimientos, ventanas cerradas con opacos cristales, cortinas que se adivinas grises de polvo y suciedad. El tiempo se ha detenido, he cambiado de siglo y quizás la historia me haya dejado ajena a la realidad. La puerta se abre y el hombre me cede el paso…. entro, el me sigue pero observo que la puerta no la ha abierto nadie…. olor a humedad en un ambiente seco. Todo oscuro, silencio, polvo en los muebles, la chimenea negra pero apagada.

A quien me vas a presentar? pregunto volviéndome sobre mí misma… y no estaba. Me había dejado sola. Crujen los escalones de madera al fondo, no veo nada pero de pronto el sol se escapa entre dos nubes y reflejan en los sucios cristales de un ventanal de la escalera… Una figura se dibuja, pasos que bajan y una voz: pasa a la sala contigua.

Paso sin decir nada, noto una presencia tras de mí. El olor de flores secas vuelve a mi nariz, siempre igual. Me coge el abrigo que he comenzado a abrir y por primera vez veo la mano pequeña, blanca y de dedos cuidados… y el olor ¡. Me dejo guiar. Me sienta la mano en el sillón, no hay polvo aquí, los libros se alinean en las estanterías. No veo sus títulos. La chimenea comienza a arder cada vez más fuerte e inunda la estancia de un color amarillento que despeja la oscuridad. Y allí en el sillón de enfrente la figura se deja caer, hombre que sale de las sombras, vestido de negro y de ojos como chacal. Que hermoso color entre azul y amarillento, no sé cómo definirlo. Me mira, me sonríe y me dice: bienvenida a mi hogar.

Me turbo ante su mirada, me despisto con la excusa de ver los cuadros y sorprendentemente me encuentro mi rostro en uno de ellos. Quien es?…. tú me responde. Me doy por vencida, no quiero luchar contra cosas que no comprendo. Miro el cristal de la vitrina y el no se refleja y cuando intento preguntar giro sobre  mi misma y me encuentro a este hombre cerca de mí.

No digas nada, no preguntes, dame la mano… se la doy, la besa, frialdad, mucha frialdad…. Miro sus ojos de cerca, se apaga el azul y se vuelven verdes como esmeraldas. Sonríe un poco dejando los labios carnosos desear… Y el deseo se hizo hecho: un beso en el tiempo nos une  y nos une más…

Y entre troncos incandescentes, calores de fuego internos, delicias y placeres ocultos, ojos que se esconden en la oscuridad, ropa que cae al suelo, cuerpos que se conocen, boca que vida da… un amor en el tiempo perdido; yo y tú que casualidad ¡

Y en el caer del manantial me dejo bañar de aguas que parecen de plata… porque viene ahora la humedad?. Eres tu mi dama, la que vida da a este lugar de muerte y el hombre destaca entre las llamas y su silueta se dibuja perfecta, hombre, amante, fantasma… vida y muerte.

Y subiendo a los techos, las lámparas nos sirven de barandas para agarrar… he llegado a la cima, paso y me relajo y suavemente caigo sobre el diván. Él se da la vuelta desnudo, se dirige a la chimenea, esta se apaga, le deja pasar y se pierde en su fondo. El fuego comienza a molestar… se va apagando poco a poco, en cenizas termina en minutos. Estoy desnuda, me visto, me huelo….. Que placer¡¡¡

Deja la habitación y en la entrada me encuentro a mi guardián que me lleva hasta el carro. Ha visto al señor Alexis? … si le contesto como si fuese un robot, le he visto. Y qué tal?

El corazón se me encoge, no lo podré olvidar, y entre llantos contenidos me pierdo por el bosque camino de la pensión del pueblo, desde allí volveré a mi ciudad.

 

DAMADENEGRO 22/1/2009Safe Creative #09012224479421c15vppr

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